
Nuestra idea popular del infierno está influenciada más por la literatura y la cultura popular que por la enseñanza bíblica. La imagen de un lugar de tormento eterno, gobernado por Satanás, con fuego y demonios castigando a los condenados, proviene más de obras como La Divina Comedia de Dante Alighieri que de la Biblia misma.
En La Divina Comedia, Dante describe un infierno dividido en nueve círculos, donde los castigos son proporcionales a los pecados cometidos en vida. Esta estructura ha dejado una profunda huella en el pensamiento occidental sobre el más allá. El cine y la televisión también han perpetuado esta visión. Un ejemplo es el Infierno Robot de Futurama, un lugar donde los robots malvados son torturados por el Diablo Robot, quien impone castigos ridículamente exagerados.
Sin embargo, cuando examinamos la Biblia, encontramos que la enseñanza sobre el destino final de los muertos es mucho más compleja y que términos como Seol, Hades y Gehenna no son sinónimos, sino conceptos distintos. En este artículo analizaremos y aclararemos alguno de estos conceptos.
Seol: La morada de los muertos en el Antiguo Testamento
«Los malos serán trasladados al Seol, Todas las gentes que se olvidan de Dios» (Salmo 9:17 RV60)

En el Antiguo Testamento, la palabra más común para designar la morada de los muertos es Seol, la podemos encontrar por primera vez en Génesis 37:35. No era un lugar de castigo, sino el destino general de todos los difuntos, tanto justos como injustos. Se describía como un lugar de sombra y reposo, la tumba común al que todos los seres humanos muertos van.
Con el tiempo, dentro del judaísmo surgió la creencia de que el Seol estaba dividido en zonas o compartimentos diferenciados:
- Un lugar para los justos, llamado el seno de Abraham o paraíso.
- Un lugar para los malvados, asociado con el sufrimiento.
Esta distinción se puede apreciar en Lucas 16, en el relato del Rico y Lázaro expuesto por Jesús.
Hades: La versión griega del Seol en el Nuevo Testamento
«Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno» Lucas 16:23 RV60.
En la Septuaginta, la versión griega de lo que hoy conocemos como el Antiguo Testamento, los traductores utilizaron la palabra griega Hades (ᾍδης) para referirse al Seol. De manera similar, los autores del Nuevo Testamento —quienes también escribieron en griego— adoptaron el término Hades para referirse a la morada de los muertos. Este concepto equivalente al Seol hebreo, lo podemos encontrar en varios pasajes del Nuevo Testamento. Un ejemplo claro se encuentra en el discurso de Pedro, donde hace una referencia directa al Salmo 16:10.
«Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción» (Hechos 2:27)
Algunas interpretaciones sugieren que Jesús liberó a los creyentes fallecidos que se encontraban en el paraíso o seno de Abraham, ubicado en el Hades, y los llevó consigo al cielo. De ahí que, en el Nuevo Testamento, quienes mueren en la fe ya no desciendan al lugar de los muertos, sino que pasan directamente a la presencia del Señor (cf. Filipenses 1:23).
En el libro de Apocalipsis se nos revela que Jesús tiene autoridad sobre la muerte y el Hades. En Apocalipsis 1:18, Jesús declara: «Yo soy el que vive; estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del Hades». Más adelante, en el capítulo 20, se menciona que tanto la muerte como el Hades serán arrojados al «lago de fuego», lo que simboliza su condenación definitiva.
Gehenna: El fuego eterno en la enseñanza de Jesús
«Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno (gehenna)» (Mateo 10:28 RV60)
«El Gehena, al que comúnmente se le llama infierno, representa el castigo destinado a los injustos después del juicio final. No se trata del reino del diablo ni del lugar donde los muertos esperan, sino de la condenación eterna» Compartir en XEn las traducciones al español, es común utilizar infierno para traducir el término griego Gehena (γέεννα). Esta palabra hace referencia al Valle de Hinom, un lugar ubicado fuera de Jerusalén que, en tiempos antiguos, fue escenario de sacrificios paganos y que —en la época de Jesús— se utilizaba como basurero donde se quemaban desechos y cadáveres. Debido a esta asociación, Gehena se convirtió en un símbolo del castigo eterno, representando el lugar donde los malvados serían arrojados después del juicio final.
Al leer el Nuevo Testamento y conectar los pasajes relevantes, es posible identificar una clara relación entre el Gehena descrito en los evangelios y el «lago de fuego» mencionado en Apocalipsis . El Gehena , al que comúnmente se le llama infierno, representa el castigo destinado a los injustos después del juicio final. No se trata del reino del diablo ni del lugar donde los muertos esperan, sino de la condenación eterna, reservada para el fin de los tiempos. Apocalipsis 20:10 declara:
«Y el diablo, que los engañaba, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos»
La concepción popular del infierno, influenciada en gran medida por obras literarias como La Divina Comedia de Dante y perpetuada por la cultura popular, dista mucho de la enseñanza bíblica. La Biblia presenta una visión más compleja y matizada sobre el destino de los muertos, utilizando términos como Seol, Hades y Gehena, cada uno con significados distintos y específicos. Comprender estos conceptos nos permite acercarnos a una interpretación más fiel de las Escrituras, alejándonos de las distorsiones culturales y literarias.